La IA debe desplegarse cuando contribuya de manera concreta al bienestar social o a la preservación del entorno. Su aplicación es especialmente válida si está alineada con retos globales reconocidos (como los Objetivos de Desarrollo Sostenible) y si existen casos de uso reales que ya estaban en marcha o en piloto, demostrando su capacidad de transformar sectores críticos como respuesta ante crisis, inclusión o desarrollo educativo.
A la vez, resulta clave considerar no solo el impacto positivo que la IA puede generar en otros sectores (green by AI), sino también la sostenibilidad de la propia tecnología (green in AI). Esto implica que los modelos, infraestructuras y procesos asociados al desarrollo y despliegue de IA se diseñen con eficiencia energética, minimización de huella ambiental y uso responsable de recursos, garantizando así que la innovación no compromete los objetivos de sostenibilidad que persigue.